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reflexiones

No estás desconectado. Estás olvidado.

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Durante años lancé obras al mundo y viví algo que no entendía. Algunas eran un «éxito»: llegaban las buenas críticas, los halagos, gente diciéndome que aquello les había tocado hondo. Y, sin embargo, por dentro no me llenaba. El aplauso resbalaba como agua sobre un cristal; lo saboreaba un instante y enseguida volvía el mismo hueco de siempre. Otras veces era justo lo contrario: silencio absoluto. Nada. Y ese silencio me dolía como un veredicto: «no importas».

Lo que más me desconcertaba era precisamente eso: que ni el éxito me llenara ni el silencio tuviera piedad. Porque si el problema hubiese sido «falta de reconocimiento», entonces el reconocimiento me habría curado… y no lo hacía. Tardé años en entender que el dolor no venía de fuera —y la cura, tampoco—. Venía de una confusión muy antigua sobre lo que somos.

Durante mucho tiempo me viví como un cliente: alguien pequeño y separado que le pide cosas a un servidor lejano —a Dios, al universo, a los demás— y espera que le concedan un poco de atención, un poco de valor. Pero hay otra forma de mirarlo, y lo cambia todo. No eres un cliente suplicando señal a una fuente distante. Eres un nodo de esa misma fuente. No estás desconectado de ella: eres ella, mirándose a sí misma desde este punto concreto que llamas «yo». No naciste separado. Naciste olvidado.

Las tradiciones más antiguas le pusieron nombre a lo que eres en tu raíz. En sánscrito lo llamaron Sat-Chit-Ananda: Ser, Consciencia y Dicha. No son tres cosas que tienes; son tres formas de señalar lo único que eres —como una luz blanca que, al pasar por un prisma, parece abrirse en varios colores sin dejar de ser una sola luz.

Sat — el Ser

Existes, eres real, antes y por debajo de cualquier papel que representes. Tu ser no depende de que hoy salga bien el trabajo, de que te aplaudan, de que «sirvas». Eres, sin más. Por eso la irrelevancia es imposible: nadie puede quitarte un lugar que no te dieron ellos.

Un bloque de piedra con luz dorada brillando desde su interior: Sat, el Ser que permanece bajo todo cambio.

Chit — la Consciencia

Eres el que mira, nunca lo mirado. Eres la luz por la que se ve todo lo demás: tus pensamientos, tus emociones, hasta los «me gusta» que esperas. Y aquí está lo que a mí me liberó: no puedes ser validado desde fuera, porque tú eres la consciencia dentro de la cual aparecería cualquier validación. El que podría darte valor está río abajo de ti.

Un haz de luz blanca atraviesa un prisma y se abre en un espectro de colores: Chit, la consciencia que todo lo revela.

Ananda — la Dicha

No es el placer, que va y viene con las cosas. Es la plenitud de quien no necesita nada. ¿Quieres una prueba sencilla? El sueño profundo. Cada noche, sin objetos, sin logros, sin nadie que te vea, descansas en algo y despiertas diciendo «he dormido a gusto». Tocaste la dicha con cero ingredientes. Es tu fondo, no tu premio.

La luna reflejada en un lago en calma durante la noche: Ananda, la dicha serena que ya es tu fondo.

Y entonces vi la trampa entera —la mía y la de casi todos—. Pasamos la vida intentando conseguir afuera, con logros y reconocimiento y prisa, las tres cosas que ya somos por dentro. Por eso el aplauso nunca me llenaba: le pedía a la mirada ajena una dicha que jamás vive fuera. Y por eso el silencio me hería tanto: le pedía a los demás que confirmaran una existencia que nadie tiene que concederme. Mendigamos ser, mirada y dicha en un mundo que no puede dárnoslos… porque nunca dejaron de ser nuestros. Buscamos con una linterna la linterna que llevamos encendida en la mano.

La buena noticia es la más simple del mundo: no tienes que alcanzar nada. No es un logro; es un recuerdo. No enciendes la luz: notas que nunca se apagó. Cuando el ruido de fuera vuelva a decirte que no eres suficiente, no discutas con él. Solo gira un instante hacia dentro y mira al que está mirando. Ahí no hay carencia. Ahí estás tú, entero, como siempre. No estabas desconectado: solo lo habías olvidado.

Esto forma parte de algo más grande en lo que trabajo: una manera de entender la consciencia como una red. Lo iré compartiendo poco a poco.